Dicen que el cambio es bueno y necesario para mantener el equilibrio. Casi así como la homeostasis universal.
Dicen también que si el cambio se evita en su naturalidad, genera un cataclismo después, donde expulsa y arrasa con todo lo que ha querido interponerse y bloquearle esa capacidad tan propia y particular de movilizarse con suavidad en un intento de mantener la calma y serenidad...
Pero dicen también que el conflicto genera cambio... Y, por lo tanto, uno puede generar conflictos en un intento de modificar ciertos aspectos que pueden y a juicio de uno, deben cambiar...
Pero yo sé, porque lo he vivido innumerables veces, que a veces cuesta adaptarse al cambio. Más aún cuando es un cambio que no queremos... Evidente que muchas veces tendremos que estar expuestos al hecho de que la vida se mueve y avanza indiferente de nuestros deseos o anhelos, pero también es verdad que muchas veces necesitamos que se nos escuchara un poco más y las cosas dejaran de andar tan por si solas, sin importarles siquiera lo que nosotros sentimos al respecto...
Suena irónico en mi, que supuestamente soy un fénix y una persona con capacidad innata de inyectar nuevos bríos a las relaciones y situaciones en un intento constante de la renovación, pero reconozco que el cambio es un personaje complejo en mi vida...
Es que a veces cuando creo que el cambio es lo mejor que podría pasarme dadas ciertas circunstancias, no lo es, y me desordena el mundo y la cabeza y el corazón y me deja como hundida en una desesperación y en la añoranza del tiempo que ya pasó, que siempre se ve mejor...
Y hay otras veces en que quiero que el cambio no llegue nunca, porque estoy disfrutando y quiero seguir en eso... Es como esa necesidad de cuando uno es niña, de querer parar el tiempo en un episodio bonito de la vida y no querer avanzar nunca más... Quedarse ahí, segura...
Aunque en verdad quizá una nunca está tan segura, e inconscientemente, eligiendo "correr el riesgo" de quedarse en esa comodidad se pierde la parte más linda, la que está por venir...
Bueno, no sé. Si bien sé que muchas veces el cambio es positivo, también genera períodos de reajustes y reacomodes de estructuras establecidas así por la fuerza de la costumbre y de toda una vida vivida de un modo determinado...
Y al menos ahora, no quiero que el cambio llegue, aunque me doy cuenta de que a todos a mi alrededor se les acerca y nadie más parece hacerse problema al respecto...
Pero yo no quiero. Quiero seguir tranquila como lo he estado estos últimos meses, relajada y sin estrés. Con el tiempo que quiero para las personas que quiero y con el alma iluminada por ser conciente de mis bendiciones y regalos.
No, no quiero que llegue el cambio, no quiero tener que readaptarme, no quiero regalar los minutos, las horas, los días enteros que hace tan poco eran casi exclusivos para mi... No, no quiero tener que pensar que hay cosas que parecen más importantes...
Reconozco que me cuesta adaptarme al cambio y que más encima esta vez, tengo miedo...
Miedo de no pertenecer...
Miedo de no calzar...
Miedo de ser perfectamente desechable...
Miedo de ser tan egoísta y cegarme a las necesidades de los otros...
O de ser tan altruista y olvidarme de las mías, como ha pasado antes...
Miedo un poco de mi...
Dios, tendrás paciencia para permitir un cambio en armonía (si es que eso existe)?
Permitirás que halla un calce, a la perfección en todo, en cada aspecto?
Encontraremos el universo en perfecto orden y armonía??
... Nadie nos prometió un jardín de
rosas, hablamos del peligro de estar vivos...