martes, 30 de octubre de 2007

Oda a mi adicción de la infancia





El post de la Melanie me hizo acordar de cómo delirabamos por estas muñecas cuando eramos chicas. Sencillamente me encantaban. Me encantaba que vinieran con el poto firmado, con pañales (o calzones, dependiendo de la edad), que trajeran un nombre y una fecha de cumpleaños, un certificado de adopción,accesorios y una personalidad particular cada una. Ah!! y también me gustaba que no eran discriminadores: habían negritos, chinitos, latinos, rubios, etc... de toito.
Yo quería tener hartas. Al final tuve 3 que todavía están guardadas y que me da pena eliminar. Primero, porque eran caras y mis papás me lo sacaban siempre en cara, y además porque siento que tienen guardado mucho de mi. De lo que era yo a la edad en que jugaba con ellas.
Es que me basta con sentir su olor para acordarme porque las quería tanto.

Con la Melanie, la Nicole (su hermana) y la Javi hicimos cada tipo de estupidez posible con las muñecas. Las hacíamos hablar con voces particulares para cada una y les comprabamos de esos pastelitos individuales para celebrar sus "cumpleaños". Era todo un montaje.

Buenos recuerdos...

PS: Hay gente que las encuentra extrañas y que dice que sus caras les dan miedo. La verdad es que aún no puedo entender por qué.
PS2: No hace mucho las vi en Almacenes Paris de nuevo. Me emocioné tanto cuando encontré una que se llamaba Camila y que tenía los ojos achinados como yo. Pero era como mucho endeudarse en eso, o no??

sábado, 27 de octubre de 2007

When you have to let go...

Recién escuchaba un disco que era mi favorito en mis últimos días de colegio: Nine Days. La verdad es que no sé por qué me gustaba tanto, pero me recordé de una frase que para mi era casi la filosofía de vida de aquellos días, de esos días de dolorosos amores a la distancia...

Sometimes you gotta set free what you love just to bring it back
Would you ever lose me? Would you ever let go for that?
But if your love is real, you gotta let yourself go just to bring it
back...


Y en esos días me hacía todo el sentido del mundo y creo que en eso descansé y sobreviví. Y ahora la verdad es que todavía me hace sentido. No voy a negar que el ejercicio es doloroso y mega difícil. Porque es olvidarse un poco de uno mismo. Es olvidarse de que uno necesita la cercanía y la presencia del otro. Es difícil dejar ir a la persona con la que quieres estar la mayor cantidad de tiempo, la que de un modo u otro, le da la chispa y la magia a tu vida.

Pero en ciertos casos, sin duda que es sano. Sano porque es resolutivo. Porque cuando uno está dejando ir a esa persona, no puede hacerlo pensando que "ahora sí que sí, él se dará cuenta de lo importante que soy en su vida y él solito me va a buscar después". No. Uno tiene que hacerlo por una misma. Porque hay veces en que ya no quedan más batallas que pelear, y sencillamente una tiene que dejarlo ir. Y yo no lo veo como una rendición, sino como una preservación. Porque, pa qué extinguirse en intentos, cuando te estás apagando con eso?? Mejor guardarse, dejar ir. Y seguir.

Y seguir sola. Con la esperanza de alguien mejor y no del regreso de aquel. Aquel que ya siguió su camino. Es verdad que hay veces que de hecho vuelven, pero a mi al menos me pasó que ya no tenía sentido. Yo ya había moved on. Yo aprendí a seguir sola y a soñar con caras nuevas y futuros mejores...

Que de hecho llegaron.

Entonces, en síntesis, we have to let ourselves go. Dejarse ir. Desatarse, y muchas veces, desencadenarse. Y a veces ellos vuelven y otras veces no.

Pero al menos yo quedé con la tranquilidad de que, independiente de eso, ya me había echado a volar...

miércoles, 24 de octubre de 2007

Yo quiero, y tú??

Felipe el otro día me preguntó que quería yo de mi vida. Voy a obviar las circunstancias en las que me lo preguntó. La cosa es que en el momento no atiné y no respondí nada. Pero después me puse a pensar (creánlo, a veces yo también pienso) y anoté lo más importante que se me ocurrió. La lista quedó así:

1. Quiero ser una buena cristiana y estar más cerca de Dios.
2. Quiero ser una buena mujer.
3. Quiero amar.
4. Quiero sentirme amada.
5. Quiero ser una buena psicóloga.
6. Quiero casarme y tener hijos.
7. Quiero una Violeta.
8. Quiero ser una buena mamá.
9. Quiero ser feliz con mi familia.
10. Quiero madurar.
11. Quiero viajar.
12. Quiero compartir siempre con la gente que amo.
13. Quiero aprender a ser más paciente y a reflejar más mi alegría sin miedo a lo que la gente vaya a decir de mi.
14. Quiero sentirme necesaria y valorada.
15. Quiero lograr la autorealización (al más puro estilo Maslow y su pirámide, jajajaja)
16. Quiero aprender de mis experiencias y aprovecharlas al máx.
17. Quiero ser conciente de mis bendiciones.

No sé si están ordenadas por prioridad. Pero me imagino que poco importa... Si está en la lista, es porque es importante y me gustaría poder alcanzarlos.

PS: Obviemos por favor, el hecho de que esto suena como la lista de deseos de una niñita ingenua de la más tierna infancia. Creo que si hay algo que rescatar de las niñas aquellas, es la capacidad intacta de soñar. Y el hecho de que nadie nunca las ha hecho dudar de que esas cosas sí pueden pasar...

martes, 23 de octubre de 2007

Pa ti weka...

Weka maravillosa. Sé que los días se te han puesto difíciles y que muchas veces quisieras no estar en gringolandia, ni en las circunstancias en que muchas veces estás y no te gustan.

Pero te voy a restregar tus propias palabras en la cara (con cariño eso si): TODO ES POR ALGO. Piensa en lo fortalecida que vas a salir con toda esta experiencia. Piensa en lo madura que te estás convirtiendo. Piensa cómo te ha cuidado y protegido Dios que, a pesar de todo, no te ha abandonado, sino al contrario, ha estado ahí contigo en todo momento...

Piensa que en cada palabra que lees pa la U, Él está ahí. En cada pregunta de una prueba, también. En las noches en que te has sentido sola y has querido regresar, igual. Y obvio que también en los momentos en que sí has disfrutado y que sí ha valido la pena estar ahí.

Yo sé que lo estás pasando más o menos no más. Y también entiendo por qué. Pero quiero que tengas presente que no importa lo dificil que se ponga la cosa, todo saldrá bem. Todo estará en armonía con lo que tenga que suceder. Dios va a permitir que vivas las experiencias que tengas que vivir para que aprendas lo que tengas que aprender. Las buenas y las malas, son las necesarias y perfectas para ti en esta etapa.

Te quiero mucho, mi Wendy adorada. Te echo de menos también. Sobretodo los domingos en que quedo botada cuando tú no estás. Y en el Congreso también!!! Como que faltaba que estuvieras molestando o aplastándome en la cama a medianoche.... Faltaba tu risa estruendosa.

Pero bueno, todos estamos viviendo cambios con todo esto...

Ya mi nena, junta plata pa que te vengas a pasar la Navidad, mi papá dijo que nosotros te adoptabamos acá.

Ánimo!!!!

Te quiero!!!

PS: Liberen a la Bestia!!!!

Actualizándome...

Dios y yo estamos pasando por un buen momento, y la verdad es que yo quiero que me dure y que se ponga aún mejor. Quiero estar más cerca de Él y ser más conciente de sus bendiciones y de todo el amor que ha puesto alrededor nuestro ... El Congreso sirvió harto para eso...

Y ahora se supone que tengo que estudiar psicométrica (psicotétrica para los amigos) y no tengo ganas ni paciencia... Así que oren pa que me nazca la responsabilidad y me vaya decente en este ramo asqueroso...

Besos para mis amigos adorados...


PS: Te quiero, pequeña Vi...
PS2: Ipi, el libro!!!

martes, 16 de octubre de 2007

El descanso...

Después del parto, llega el descanso, el alivio, la tranquilidad de nuevo...
De la mano de Dios. Fue necesario tener la semana que tuve para disfrutar al máximo el congreso, para entregarme en los brazos de Dios en la manera que hace tiempo necesitaba y para darme cuenta que, no importa las puertas que se cierren y los obstáculos que salgan al camino (por muy insólitos que sean), Él siempre halla la manera de sortearlos o enfrentarlos...
Y ya llegará mi momento.
Otro día escribo más detalles... tengo una prueba mañana. Sólo quería que supieran que el parto ya pasó y que sí, se siente mucho mejor...
Cuando pienso en tu mano, hasta aquí hemos llegado, por tu
fidelidad...

jueves, 11 de octubre de 2007

Pariendo...

Eso ha sido esta semana para mi: un verdadero, agotador y lento parto. Lo asemejo a eso porque dicen que es difícil. Y para mi, esto, sin duda que lo es.

Es que entre problemas que no son míos y de los que no me puedo hacer cargo (y que inevitablemente influyen en mi), entre papeles murales, desquites, llamadas que no sirven para conversar, palabras innecesarias y abrazos a medias es que tengo que tratar de ser productiva, de ser fuerte, de sostener a los míos, de avanzar con mi vida, de trabajar...

Porque el mundo sigue moviéndose y demandando... Porque las labores y responsabilidades siguen ahí. Porque tengo que entregar los ítemes de psicométrica igual no más, aunque a mi cabeza le cueste pensar en la empatía como concepto teórico (la necesito mil veces más en la práctica). Porque tengo que estar con los oídos atentos a mis pacientes en el psiquiátrico, aunque a veces su hablar lento y pausado son una pesadilla para mi mente cansada que se empieza a dormir mientras trato de escucharlos (y me pongo a anotar todo lo que dicen como psicótica, en un intento de no ceder).

Porque mi mamá me necesita para tomar decisiones de la casa nueva. Porque entremedio de tantas cosas, además tengo que pensar en papeles murales, pisos flotantes y cortinas. Porque ellos también me necesitan, y porque quiero ayudarlos.

Y las cosas se me escapan igual no más. Porque ayer simplemente no alcancé a estudiar inglés con el Andrés. Corrí todo el día para tratar de llegar temprano, pero sencillamente no alcancé. Él ya estaba dormido y no tiene sentido torturar a un niño de 8 años... Para eso, tiene la vida entera.

Porque me siento sola, cansada e incomprendida. Porque hay gente que parece ni siquiera notar que a mi las cosas igual me afectan. Porque a veces la vergüenza es más grande o la necesidad de evadir es simplemente mayor.

Porque estoy pidiendo a gritos que me escuchen y que me apoyen, pero están demasiado ocupados con otras cosas como para notarlo siquiera. Porque necesito que me tranquilicen y que me digan que todo va a estar bien y que nos arreglaremos de alguna forma, pero al parecer, no se puede... Nadie puede darme esa tranquilidad...

Y tengo que seguir adelante. Tengo que ser valiente y luchadora. Pero hoy día pensaba que no es una lucha mía, y menos una por la que tenga que pelear sola, entonces, qué se supone que haga??

Cómo se supone que reaccione? Hay alguna cosa en la que pueda ayudar acaso?
No sé. Pero lo que sí sé es que estoy agotada. Llena de cosas que hacer, miles de cosas en las que pensar y pocas horas de sueño en el cuerpo... llena de pena, y de rabia... Qué mezcla más asquerosa...

Ojalá este "alumbramiento" termine pronto, y que al final de todo esto, pueda disfrutar de la alegría post parto que, según dicen, hace olvidar todo lo que pasó antes...

viernes, 5 de octubre de 2007

Niervos!!!

A mi siempre me ha gustado meterme entremedio de las patas de los caballos. Me enredo en las situaciones más increíbles a veces sin siquiera darme cuenta. Y aunque yo creía que esa habilidad se me había ido pasando con los años, parece que todavía quedan atisbos... Y qué más cercano a eso que el hecho de estudiar psicología, y tratar de comprender lo único que no podemos separar de nosotros mismos, o sea, la mente...

La cosa es que hace rato estaba entusiasmada con la idea de estudiar acerca de la discapacidad. Es uno de mis volones por excelencia, junto con la sexualidad y el apego. Bueno, la cosa es que el semestre pasado diseñamos un proyecto para investigar el significado de la sexualidad en discapacitados y ahora lo estamos haciendo. Y eso significa que el martes, después del psiquiátrico, tengo que hacer mi primera entrevista a un hombre (no sé qué edad tiene todavía) que es tetrapléjico y que está dispuesto a hablar de ese tema con nosotros. Y ahora recién me viene a caer la teja de que es un tema mega delicado y sensible...

Partiendo del hecho en que cuando llegue, no le voy a poder dar la mano para saludarlo. No puedo pedirle que me firme la carta de consentimiento para que usemos su entrevista, y tengo que meterme en un tema mega afectivo como su sexualidad después de un accidente que muchos dirían, vino a coartarle la vida... y quizá qué construcción tienen él de eso.

Y tiene que contármela a mi... A mi!! Cómo si yo estuviese en alguna medida capacitada para escuchar y entender todo eso. Como si yo mereciera que alguien compartiera algo tan privado, importante y sensible conmigo... Como si yo supiera algo al respecto, como si por algún segundo tuviera las herramientas para ser empática...

Ay! no sé... Estoy mega conciente de que todo esto se debe en alguna manera a mis asquerosas y desadaptativas inseguridades. Normalmente vivo con ellas sin tanto problema porque tengo buenas defensas y la capacidad de descansar en Dios, pero es que esta vez, esta inseguridad viene de la mano de una oleada gigantesca de inseguridades, que incluye mi carrera y mis capacidades para ejercer algún día.

Esto comenzó hace un par de semanas con mis famosas visitas al psiquiátrico. Es que uno ve cada cosa ahí. Me da pena, así de simple, cada paciente que entrevistamos. Me da pena ver cómo se van alienando de sí mismos. Me da pena cuando hablan de sus alucinaciones y tratan de convencerse (después de semanas de medicamentos y terapias) de que son mentira, al mismo tiempo que no pueden integrarlas como vivencias y como cosas que mal que mal, sí les pasaron. Y es que después de todo, qué tan fácil es aceptar que uno/a estuvo loco/a??

Es distinto, tan distinto a estudiarlo en el papel. Llevo 3 años leyendo acerca de la pérdida del juicio de realidad, los cuadros psicóticos, los trastornos bipolares y la desintegración del yo. Millones de términos y cuadros que manejo al revés y al derecho. Pero ver a alguien sufriendo por eso, es tan distinto. Ver que a alguien simplemente deja de hacerle sentido el mundo; o que siente que le están robando los pensamientos; que no puede controlar lo que le está pasando y que vive lleno de angustia por eso, es complejo. Ver a alguien que prefiere morir porque simplemente no puede manejar lo que lo rodea, es super triste...

Además que es difícil. Es infinitamente difícil tratar a alguien así. Hacer clínica psicológica es mucho más difícil que hacer clínica psiquiátrica y definitivamente, mucho más compleja de lo que pensé. Y no sé si yo pueda algún día.

Me hace acordarme de la Wendy cuando me decía que yo podría marcar una diferencia siendo una psicóloga cristiana, porque podría ayudarle a la gente a encontrar el sentido que le faltaba a sus vidas presentándoles a Dios. Y me ha sorprendido ver a tanta gente en el psiquiátrico que se refugia de sobremanera en Dios, y sigue igual de conflictuada y complicada. Y me da tanta rabia ver cómo mis profesores y compañeros los catalogan de patológicos por el solo hecho de hablar de Dios, como si ahí estuviese la fuente de todos sus males...

Es un mundo difícil en el que sencillamente no sé si me pueda manejar algún día.

Me está pasando algo que me carga: estoy dudando de mis capacidades y habilidades para ejercer algún día, del modo en que siempre lo soñé. Y es quizá simplemente que la clínica no sea para mi y tenga que enfocarme en organizacional, o educacional o seguir en el camino de la docencia... Pero no sé. Escolar es bonito, pero cae en la monotonía y uno tiene las manos atadas en mucho. El psicodiagnóstico me gusta, pero es un trabajo demasiado técnico y ejecutivo, casi demasiado automático...

Así que no sé. Pero tengo miedo. Miedo de no ser capaz, y de darme cuenta cuando ya llevo más de la mitad del camino...

Quiero creer que solo será algo pasajero. O como dice la Sandra, desde su postura de futura psicóloga, que esta es una instancia para usar mis inseguridades y mi sensibilidad como algo positivo, una herramienta de trabajo. Pero sobretodo quiero estar segura de que Dios tiene esto en sus manos, y que todo va a estar bien... Aunque yo no lo sienta tan así ahora...