La mente verdaderamente creativa en cualquier campo no es más que esto: una criatura humana nacida anormal, inhumanamente sensible. Para ella, un toque es un golpe, un sonido es un ruido, un infortunio es una tragedia, una alegría es un éxtasis, un amigo es un amante, un amante es un dios, el fracaso es la muerte. Añadan a este delicado y cruel organismo la abrumadora necesidad de crear, crear, crear de modo que sin la creación de música o poesía o libros o edificios, o algo significativo, su aliento mismo se interrumpa... Deben crear, derramar creación. Por alguna extraña, desconocida urgencia interior, no están realmente vivos, a menos que estén creando.
Pearl Buck
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