sábado, 8 de noviembre de 2008

De los límites y otras hierbas

Parece que mi psicóloga tiene razón. Llevamos re pocas sesiones, pero salta a la vista el problema de los límites que estoy dejando de establecer. Y es por eso, en gran medida que me ha pasado lo que me pasa siempre...
Parece que nunca he podido establecer muy claramente lo que yo quiero, no he sabido decir que no, siempre estoy dispuesta a tranzar, o a dejar de hacer cosas para evitar los conflictos acá en mi casa. Y es que es lógico por un lado: me carga el conflicto, me descompone. Pero por otro lado, nunca he pataleado, nunca he sido rebelde, siempre ando intentando conciliar.
Pero lo que yo siempre había visto como una actitud bien noble, en verdad raya en el límite de lo weón. Porque claro, todos se las arreglan, pero yo no. Yo arreglo a los otros, me acomodo y hago malabares para que queden contentos. Como en un eterno deseo de reparar el objeto. Pero muchas veces salgo para atrás. Como no pongo límites, paso a veces a segundo plano.
No quiero quejarme demasiado ni sonar autocomplaciente, pero en verdad lo que pasó hoy día es un claro reflejo de la rección mega agresiva de la Javiera y mi papá frente a una regla tan básica como pedirme prestado el computador. Pero como nunca lo había dicho antes y siempre está la idea (fundada) de que voy a acceder, el que dijera que no, que no les iba a dar la clave si no que la iba a poner yo en el pc una vez que saliera de la ducha, los descompuso al punto de la agresividad, de los gritos y portazos, y de lisa y llanamente desenchufarlo aún prendido.
Resultado? Mi PC no partió más y tuve que formatearlo sin alcanzar a respaldar... O sea, perdí mis archivos.
Ahora me pregunto. Un límite tan básico tiene que tener estas consecuencias? Es necesario que tenga que pasar por estos malos ratos o que ellos dejen de hablarme simplemente porque les pedí tiempo para salir de la ducha y ponerles mi clave?
No sé, yo creo que no.
Y en verdad no me asombra tanto la reacción que tuvieron porque en el fondo confirma lo que he descubierto, que no pongo límites y que ellos no están para nada preparados para respetarlos. Les sorprende en el límite de la incomodidad, de la sorpresa.
Lástima, tendrán que irse acostumbrando, así como yo, al parecer tendré que acostumbrarme a ser un poco más confrontacional, y simplemente, poner mis límites.

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