Haciendo simple todos los términos de psicoanálisis que me tuve que aprender el año pasado, puedo decir que el síntoma es la manifestación de un malestar psíquico que no se está haciendo conciente porque, de hacerse, resultaría demasiado perturbador para un sujeto y por ende, puede llegar a ser desestructurante. Entonces, se libera la angustia a través de un síntoma que muchas veces no se relaciona tan fácilmente con la raíz que lo genera.
Pero manifestar un síntoma puede ser muchas veces adaptativo, porque logra su afán de mantener inconciente el problema, libera la energía psíquica y permite que dentro de lo posible, la persona continúe con su vida normal. Incluso he llegado a escuchar algunas opiniones de profesores que ponen por ejemplo a una familia cuyo hijo está sintomatizando algo, que ellos asocian a un desorden en la estructura y funcionamiento familiar. Pero en tales casos, para los padres, de forma inconciente lógicamente, resulta más fácil, adaptativo y menos conflictivo que el niño siga sintomatizando, porque de ese modo, no tienen que ver el problema más a fondo ni enfrentar todo el gasto de energía psíquica que verlo y cambiarlo podría significarles. Y muchas veces es así como llegan a terapia.
Pero no es de la terapia de lo que quiero hablar. Es de cómo en todo grupo humano aparecen síntomas que son reflejos o manifestaciones no tan obvias de problemas inconcientes. De cómo el síntoma puede molestar pero al mismo tiempo resultar adaptativo.
Hablando ahora con el modelo médico, se entiende que cualquier tipo de malestar, es un síntoma. Pero lo que quiere la persona que está sintomatizando no necesariamente es una solución para el problema subyacente, sino que uno más rápido y quizá más efectivo para eliminar tal síntoma, por ejemplo, un dolor de cabeza. Pero tras ese dolor, puede haber una enfermedad mucho mayor que puede estar aprovechándose de la mirada más superficial de esa persona para avanzar, esparcirse e invadir otros espacios de su cuerpo. En otras palabras, se puede sacar al síntoma, pero muchas veces eso no quita la enfermedad.
Yo pienso que eso es lo que está pasando ahora. Que se está manifestando una enfermedad mucho mayor y quizá mucho más antigua en un problema súper concreto. Pero no se hace nada más que aislar al síntoma. Y lo entiendo, después de todo es súper comprensible que no todos pueden afrontar un problema mucho más grande y estructurante que está detrás de otro y se defienden, quizá inconcientemente, atacando al síntoma, con el deseo de que deje de molestar, que se vuelva una enfermedad asintomática.
Pero mi punto es que eso puede ser mucho peor, porque la enfermedad va a seguir ahí, esparciéndose y envenenando, impidiendo el crecimiento y la salud de ese cuerpo. Y quizá cuando aparezca otro síntoma, ya sea demasiado tarde. La enfermedad podría estar demasiado avanzada.
Entonces, bajo mi punto de vista: no hay que atacar al síntoma ni hacerlo desaparecer. Hay que verlo con una mirada más global, aprovechando que surgió para analizarse, como quien va al doctor a hacerse un chequeo completo. Y muchas veces, eso es una inversión, pues se previene, se mejora y muchas veces se cambia de estilo de vida... para tener buena salud.
2 pensamientos:
Es muy cierto Lila tu commnet!!!!
Qué tal la U? Ojalá vayan de a poco pa que no te estreses tanto de una.
Cariños!!!
Carla Veliz
Mmm...
Esto me sirve tanto para lo q estoy viendo en Medicina Psicosocial...
LAstima q estes hablando de algo tan concreto...! Y tienes tanta razon...
Besos Lila...
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